Suena el celular. Dalia se olvida de sus uñas recién pintadas y mete la mano en la cartera para encontrar a tiempo el teléfono. Mientras atiende, se mira las manos y lamenta el desastre provocado por el esmalte todavía fresco. Habla rápido. Cuando corta, soluciona el problema con una nueva pasada de rojo oscuro que resuelve con éxito el percance.
Así es Dalia Gutmann: una malabarista. No sólo porque trabaja, es madre y esposa a la vez –está en pareja con Sebastián Wainraich hace una década y tiene una hija de casi cuatro años con él–, sino porque es capaz de mantener el equilibrio en el alboroto aparente de una personalidad inquieta.
Se levanta todos los días tempranísimo para llegar puntual a su trabajo como panelista en el programa AM, que se emite por Telefé de lunes a viernes a las 9.30 de la mañana. Allí, es la locutora estrella que, cada vez que puede y sin temor al ridículo, demuestra sus habilidades para la danza.
Los jueves por la noche, se sube al escenario de The Cavern para ponerse al frente de su espectáculo de stand up, “Cosa de minas”, un monólogo en el que tanto mujeres como hombres se descostillan de la risa gracias a las observaciones y los comentarios de Dalia acerca del devenir femenino.
Hoy, no caben dudas de que Dalia es una de las figuras más importantes del stand up local.
Tan cercana, tan honesta y tan real nos resulta que, desde Dove, la invitamos a participar de la catártica y maravillosa experiencia de reírnos de nosotras mismas en “Descontroladas”, la serie de monólogos que protagoniza junto con la conductora María Freytes y la actriz Muriel Santa Ana.
–¿Qué querías ser cuando eras chica?
–A ver… humorista no se me pasaba por la cabeza.
–Es que la realidad: ¿quién dice “yo quiero ser comediante”?
–Es verdad. Es como imposible que a una se le ocurra eso. De hecho, creo que la vida me fue mostrando el camino para llegar hasta acá. Es muy difícil darte cuenta de que querés ser humorista. Lo que me acuerdo de la infancia es que quería ser cajera de supermercado, limpiadora de autos o comerciante. Tenía armada una carpeta con precios inventados para mis juguetes. Instalaba una mesita en la puerta de mi habitación y se los vendía a toda la familia.
–Cuando te sentís agobiada por el trabajo, ¿te gustaría dedicarte a alguna de esas actividades?
–Por suerte, encontré una actividad que me apasiona. Ahora, si me subo a un taxi y veo que el chofer va manejando y escuchando buena música, me da envidia. A veces, me gustaría atender un kiosco para leer mientras la gente no viene. Pero se me pasa enseguida. No aguantaría ni dos horas. Eso sí, me encantaría haber sido bailarina.
–¿Cómo llegaste a ser locutora entonces?
–No sé por qué, pero siempre me atrajo la palabra locución. Cuando era adolescente, se empezaron a usar todas las radios hiteras y era una consumista loca de la FM. Me encantaba. Fue como una vocación fuerte desde el principio. Terminé el secundario y me fui a anotar al ISER, pero no rendí el examen porque la gente era mucho más grande. Además, en casa son todos académicos y, de alguna manera, yo venía a desentonar en ese ambiente, por eso, tampoco le di demasiada importancia al principio.
–¿Te anotaste en otra carrera?
–Cursé unas materias de diseño gráfico porque me parecía que la iba a pasar bien haciendo dibujos, pero no me gustó nada. Después, me pasé a psicología. Estudiaba con el ánimo de profundizar porque me fascina la mente humana. Jamás me imaginé en un consultorio escuchando los problemas de los demás. Al final, me recibí de locutora.
–Pero tu camino tampoco se definió demasiado por ese lado.
–No. Al principio, me imaginé que podía ser periodista, pero tampoco era eso. Sentía que no encajaba en ninguna parte. Siempre me encantó hacer reír, lo que pasa es que es muy difícil darte cuenta de que te querés dedicar a eso como profesión. Creo que es un milagro que haya encontrado al stand up. Me encanta la posibilidad de blanquear aquello que nos pasa a todos, de poner en común esos conflictos que nos afectan a la mayoría. Es relajante y terapéutico.
–De tus amigas, ¿siempre fuiste la más graciosa?
–Me parece que sí. Soy la más desprolija por decirlo de alguna manera, la menos tradicional. Nos conocemos desde el jardín de infantes. Ellas estudiaron carreras formales, como medicina o derecho. Se recibieron, se casaron y tuvieron hijos. Yo soy la única que no me casé. Te cuento una anécdota: para este último cumpleaños, me regalaron una bikini. Me la probé. Me quedaba medio rara pero igual les mostré a las chicas cómo me quedaba. Cuando me vieron les agarró un ataque de risa: ¡me la había puesto al revés! No podían creer que me había confundido la parte de arriba con la de abajo. Y te juro que yo estaba re convencida. Siempre tuve ese lugar de ridícula.



–Sos como alborotada.
–Sí, completamente. Objetivamente, la paso mal en el desorden constante, pero lo disfruto. Me encanta vivir en este caos que sólo yo entiendo: siento que así soy más creativa. No creo que el alboroto sea una virtud, sí es mi esencia y, en ese sentido, me gusta. No puedo ser prolija ni ordenada, no me sale.
–Bueno, pero algo de orden tenés porque pudiste armar una vida.
–Pasa que soy muy laburadora y obsesiva a mi manera. Tengo un norte y objetivos en la vida y, en ese sentido, trato de no dispersarme, de que el entorno no me distraiga.
–¿Y el stand up se relaciona con tu alboroto?
–Me parece que sí. Que esto de sentir que desentono, que no cumplo con los parámetros de mujer tradicional y que no tengo las típicas características femeninas, me abrieron la posibilidad para poder reírme de mí misma y tomarme menos en serio. El stand up es un género muy terapéutico. Una puede elegir entre que la vida sea un drama o una comedia. Yo elijo la comedia.
–¿Cómo te diste cuenta de que podías convertir al humor en un trabajo?
–Creo que podría haberme dedicado a un millón de cosas, pero lo cierto es que me obsesioné con descubrir qué era realmente lo que quería hacer con mi vida. Tuve los ovarios para encarar una búsqueda muy a conciencia e invertí mucho tiempo y energía: terapia, yoga, cursos, lecturas. Y lo encontré.
–¿Te sentás a escribir los monólogos?
–Al principio, mi método era sentarme frente a la compu y escribir. Ahora, ando con tres cuadernos en la cartera en los que anoto todo lo que se me ocurre. Los materiales del show me surgen de lo que me pasa en la vida cotidiana. Es imposible que hable de algo que no piense o no sienta. Como no soy actriz, sólo puedo ponerme en mi propia piel. Ahora voy a sacar un libro autobiográfico en tono de stand up. Se llama “Entregada al ridículo”. Son diez capítulos en los que hablo de la niñez, la adolescencia, la escuela, los hombres. Siempre en clave de humor.
–Cambiando de tema, ¿la búsqueda de una pareja fue tan intensa como la de tu vocación?
–Fue distinta. Conocer a mi marido me ayudó un montón a ser quien soy. A pesar de que hace diez años que estamos juntos, tenemos un romance que sigue estando latente. Igual, uno nunca sabe qué puede suceder en el futuro. Pero la soledad tampoco me desespera, yo creo esto: si es sábado a la noche, estás sola en tu casa y estás contenta, entonces, está todo bien.
–Tenés una hija, ¿es cierto que un hijo le da un nuevo sentido a la vida?
–Puede parecer un cliché, pero es así. Podés tener miles de aspiraciones, pero la realidad es que la felicidad de los hijos lo supera todo.
–¿Cómo te sentiste con la experiencia de “Descontroladas”?
–Me encantó. Fue un placer trabajar con Muriel y con María. Pensar la temática femenina me apasiona. Me gusta hablar de los que nos pasa a las mujeres de nuestra generación, que nos metimos en un lío importante del que no sabemos cómo salir: ser profesionales independientes, ser buenas madres, esposas adorables, estar lindas y una lista larga de presiones. Lo bueno es que nos estamos empezando a relajar y hasta nos animamos a hacer un humor propio, alejado de la mirada masculina.
–¿Creés que estamos descontroladas?
–No, no creo que vivamos desquiciadas todo el tiempo, pero sí percibo una tendencia a sobrepasarnos de obligaciones. Lo que podemos hacer para bajar la tensión es aprender a reírnos de nosotras mismas y tratar de que la vida no se nos vaya en ese descontrol.

Y vos, ¿te animás a tomarte menos en serio? ¿En qué situaciones aprendiste a reírte de vos misma? Contanos, ¡nos hace bien a todas!
Me encanta Dalia! La veo, cuando puedo, en la tele y ahora que enteré de que tiene un espectáculo de standup, ya voy a verla. Es una mina normal, como re igual a todas. No se hace la diosa y eso la hace más linda. La mejor entrevista!!!
Me copa Dalia!!!!!
es una jenia sos lo maxcimo dalia
Que Dalia me haga reir de mañana es una bendición, es una mujer normal,audaz, por suerte, visceral, cero rebusque, quiero mudacgas Dalia, por que la vida y la Sonrisa van de la mano.Gracias Dalia por dejarnos conocerte, muy buena entevista!!
Dalia, sos una mujer increible. Cada vez que la veo a la mañana me hace sacar una sonrisa, para comenzar el dia mucho mejor! Fui a ver su stand up y la verdad que es maravilloso, para pasarla bien, super recomendable! En cuanto salga su libro pienso comprarlo obviamente, porque es una genia y no creo que vaya a decepcionarme en este nuevo proyecto que va a lanzar!
Dalia, sos una copada y me morí de risa con lo videos de Descontroladas.Un beso!pd.Paloma: se escibe genia y máximo.
Sos una genia Dalia!! me río mucho con tus monologos!! y cuanta razón tenés con eso de que tenemos que desdramatizar un poco mas todas las situaciones que nos suceden... Exitooosss!!
Tienen que dejar esta entrevista siempre. Dalia es una mujer increíble, una genia total. La fui a ver gracias a esta entrevista y me encantó. ¡Vayan todas chicas! Está buenísimo el show. Es la primera entrevistada con la que me siento identificada, que bueno eso, gente de Dove! besossssssss
¡Me encantó esta entrevista! En cierto modo, sentí que no era la única persona que tiene características similares. Me alegra haber conocido más sobre Dalia.Saludos!
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