Entrevista a Clara Billoch
Este mes, hablamos con Clara Billoch, una paisajista y jardinera que nos inspira por su modo de pensar. Es una gozadora de lo que hace y la verdad es que, entrevistándola, logró transmitirnos un poquito de ese entusiasmo que siente por su actividad.
Clara Billoch es de esas personas que gozan con lo que hacen, pero el paisajismo y la jardinería –actividades a las que se dedica hace más de veinte años– no son las únicas que la llenan de satisfacción. Dar clases (de jardinería, por supuesto) en su casa y, desde hace relativamente poco, editar libros dedicados a la temática, también entran en la lista.
Un frío mediodía de agosto, esta pragmática y entusiasta mujer nos recibió en su casa (¡con un almuerzo riquísimo!) para contarnos acerca de su quehacer. Nos cautivó con una mirada llana y profunda y de paso, “ligamos” tips para dar nuestros primeros pasos en jardinería.

Clara, solés decir que no sólo sos paisajista, sino también jardinera. ¿Por qué la distinción?
El paisajista está más enfocado en el diseño y el jardinero es el que está más en contacto con las plantas… y con la tierra. Lo que pasa es que a mí me gusta mucho el diseño, pero también me gusta muchísimo la jardinería.
Día a día, ¿qué significa para vos la jardinería?
Es mi vocación. Practico la jardinería porque me da mucho placer el contacto con las plantas: su proceso, su evolución. Me gusta comer la lechuga de mi huerta; pero también me gusta que mis hijos estén rodeados de un entorno agradable, lindo.
¿Siempre fuiste una apasionada de las plantas?
Yo crecí en una casa con un jardín muy grande y mi mamá siempre fue muy jardinera. Nuestro jardín tenía muchos árboles, grandes y flores, flores, flores.
¿Tu pasión por las plantas es heredada de tu madre?
Podría decirse que sí, porque fue una mamá que nos inculcó el amor por la naturaleza a full.
En relación a tu quehacer cotidiano, ¿cuándo vibrás en tu punto más alto?
En mi jardín, plantando. En mi jardín, reflexionando. Trabajando en mi jardín. También disfruté mucho haciendo el libro que publiqué el año pasado. Se ve que hay una parte mía –que nunca supe que tenía– que es ésta de transmitir.
Hay personas que disfrutan mucho narrando sus experiencias…
Hace como diez años, al segundo grupo de alumnas que tuve les dije el primer día de clases “mi objetivo es contagiarles el entusiasmo por la jardinería”… ¡Y me miraron con unas caras! (Ríe).
¿De desconcierto?
Claro. ¡No les gustó nada lo que les dije! A la clase siguiente tuve que ir con el apunte todo prolijito. Pero la verdad es que a lo que apunto es a transmitir entusiasmo por la jardinería. Hay muchas alumnas –por suerte– que me han dicho que aprendieron a mirar la naturaleza de otra manera y eso me llena de alegría.
¿Cómo pensás vos a la jardinería?
Como algo muy experimental. Vivencial. Muchas veces, en estas ganas de que todo sea perfecto, la gente está como buscando un jardín perfecto, divino y ya.
Son las ansías por el resultado final…
Claro, pero en realidad, tenés que dejarte sorprender. La naturaleza tiene eso, vos podés conocer una planta desde lo técnico. Las magnolias: florecen en invierno, pierden las hojas en tal momento, necesitan este suelo, este sol… Pero después, cuando florecen, es una maravilla y esa es la experiencia, la vivencia, que me atrae a mí y que busco inculcar.
La naturaleza es generosa: crece, se brinda. ¿Qué te apasiona de ella?
Es difícil explicar lo que me pasa con la naturaleza… A ver… Me pasa que veo mis árboles cargados de frutas y doy gracias a Dios. Para mí, la naturaleza es una expresión de Dios. Eso es lo que me gusta de ella.
A la hora de sentarte a pensar un jardín para alguien, ¿cómo es tu abordaje?
Trato de generar una interacción entre los que viven en la casa y el jardín. Busco esa cosa, como de relación íntima entre la gente y su jardín. No me gusta el jardín tipo escenario para mirar. Me gustan los jardines habitados, vividos. Disfrutados.

PRIMEROS PASOS
Para los que no tenemos idea, pero nos estamos aventurando (¡tímidamente!) en este nuevo mundo, el de las plantas, ¿cuál es la recomendación más básica y fundamental que nos darías?
Hacer una primera experiencia con una planta. No con una orquídea porque es lo más complicado. En casa, mamá tenía un ficus, entonces agarré, hice gajitos, los metí en el coso del yogur con un agujero y enraizó. Esas pequeñas cosas, como un gajito que prende, te abren al conocimiento y te van motivando.
¿Y la segunda recomendación?
Comprarte una planta fácil y la tercera: darle a la planta lo que la planta necesita.
¿Cuál es una planta fácil?
Y, depende, si vivís en La Rioja, un cactus. Si vivís en El Delta, una hortensia.
¿Y si vivís en Capital Federal y alrededores?
(Ríe) ¿Sol o sombra? ¿Maceta o tierra? ¡Es todo un tema! Una planta fácil es el Agapanto, que va al sol y a la sombra, crece en maceta y no se enferma.
¿Cuál es el error más básico a evitar?
Usar macetas chicas. Una planta necesita tierra para desarrollarse: cuanto más espacio le das, mejor va a crecer. Lo único que necesita una planta es la luz que su especie requiere y tierra muy buena. Y acá te hago otra recomendación: cuando vayas a comprar una planta, invertí en buena tierra, lo ideal es gastar lo mismo que gastaste en la planta, en la tierra. O, por lo menos, la mitad.

Hola Sandra! Le podés escribir a Clara Biloch a su casilla de mail: clarabilloch@yabiru.com.ar para preguntarle si dicta cursos. Saludos!
Hola María del Carmen! Podés comunicarte con Clara Biloch a su casilla de mail: clarabilloch@yabiru.com.ar Saludos!
Hola, muy buena la nota con la paisajista Clara Billoch....me interesaría saber donde dicta clases.-Gracias
Clara felicitaciones por tu libro,refleja tu alma, te muestra tal como sos,me encantaria hacer un curso de armado de ramos,y de jardineria .estas dictando algo ? Besos Sandra.
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