Miradas

diciembre 22, 2011

UNA ENAMORADA DE LAS MONTAÑAS

Constanza Ceruti es de esas mujeres que logran comprometerse con sus pasiones. Desde chica, siempre supo que quería dedicarse a la investigación científica, pero sin renunciar al contacto directo con la naturaleza. Por eso, durante su adolescencia porteña, se dedicó a buscar el camino a través del que pudiera unir sus dos amores: la ciencia y la montaña. Fue así que se convirtió en antropóloga especializada en la arqueología de alta montaña. ¿Suena raro, no? Es que estamos hablando de la única mujer en el mundo que se dedica a la investigación de los santuarios de altura y de las prácticas religiosas incaicas del sacrificio humano.

A los 22 años, con un título reciente de Antropóloga de la UBA, se mudó a la soledad de Tilcara, en Jujuy, dispuesta a completar sus estudios de doctorado. Gracias a su trabajo intenso y continuo, logró conquistar una de las cimas más altas que se cuentan en su carrera académica: en 1999, descubrió las tres momias mejor conservadas en la historia del planeta en la cumbre del volcán Lullaillaco, en Salta, a 6736 metros de altura.



Una excepción a la regla: Constanza en un contexto alejado de las alturas, en una sesión de fotos que le hicieron durante un congreso internacional. Foto gentileza de Gilles Dacquin.


Si bien este descubrimiento ha marcado un antes y un después en su trabajo, Constanza asegura que su vida continúa siendo la misma: “Sigo trabajando para el CONICET, doy clases en la Universidad Católica de Salta y conduzco investigaciones científicas con mucho esfuerzo y pocos recursos. Siempre me mantuve fiel a la realización de mi vocación profesional con el mismo espíritu de los comienzos”.

–Constanza, ¿de dónde surge tu amor por las montañas?
–La montaña es un amor a primera vista que se remonta a mi niñez. En aquel entonces, esperaba ansiosa las vacaciones y el viaje familiar a Córdoba para poder estar cerca de las sierras. No me cansaba de contemplarlas. Cuando a los 14 años ascendí por primera vez al cerro La Banderita –que está detrás de la ciudad de La Falda– me enganché de tal manera que supe inmediatamente que las montañas iban a ser una parte muy importante de mi vida.

–Son antropóloga especializada en arqueología de alta montaña, ¿qué significa esto?
–Mis investigaciones se orientan a las montañas sagradas. Las montañas son consideradas sagradas por las sociedades tradicionales en todo el mundo: aplicamos este concepto a los paisajes que vinculan a la humanidad con aquello que es “trascendente”. Mis estudios antropológicos apuntan a comprender la diversidad de formas en las que las diferentes culturas han expresado su conexión religiosa con la montaña a través de ofrendas, ritos, peregrinaciones, mitos y leyendas. Por el lado de la arqueología, son investigaciones que se desarrollan principalmente en los Andes, porque allí fueron construidos los santuarios de altura de la civilización inca. Son sitios ceremoniales únicos en el mundo por su inaccesibilidad: los incas fueron los primeros en la historia de la humanidad en alcanzar altitudes superiores a los 6 mil metros y construir allí sus lugares de culto.



La investigadora en pleno trabajo, resguardada de una tormenta de nieve a más de 6 mil metros de altura. Foto gentileza de Constanza Ceruti.


–¿Cómo es vivir y trabajar a semejantes alturas?
–Es muy difícil. Hay que enfrentar situaciones climáticas extremas, como tormentas de nieve o eléctricas, vientos huracanados. Incluso cuando hay buen tiempo, siempre hay escasez de oxígeno y presión atmosférica muy baja… El frío extremo congela las puntas de los dedos en segundos, el viento vuela las carpas. Y todo esto sumado al hecho de que para llegar al sitio donde trabajamos tenemos que escalar una montaña…

–¡Qué valentía, Constanza! ¿Te preparás de un modo especial para no claudicar ante situaciones tan adversas?
–Procuro que mis ascensiones sean hechas del modo más natural posible, ya que creo que a la naturaleza hay que acercarse de un modo respetuoso. Esto significa que no tomo medicamentos, ni uso oxígeno. En general, la montaña me recibe bien.

–Lo tuyo es escalar montañas por el ánimo de saber y no por el deporte. Tu pasión es por el conocimiento, ¿es esto así?
–El conocimiento científico es una de las razones por las que exploramos montañas. La preservación del patrimonio cultural es otro de los motivos más importantes. Mi pasión por las montañas se fundamenta sobre una concepción espiritual del paisaje, si no fuera por el enamoramiento que me provocan, no las escalaría. Para mí, el aspecto competitivo del montañismo no es importante en absoluto, sino la comunión con el paisaje.



En la cima del monte Olimpo, en Grecia. Foto gentileza de Constanza Ceruti.


–¿En cuántas montañas estuviste en tu vida?
–La verdad es que no llevo un número, pero sé que son más de cien las cumbres con alturas superiores a 5 mil metros a las que me fue permitido llegar. He tenido el privilegio de estar dos veces en la cima del Aconcagua; de ser la primera mujer en uno de los dos volcanes más altos del mundo; de haber coronado cumbres en volcanes de Perú, Chile y Ecuador y en los picos de la cordillera Real de Bolivia. También he tenido oportunidad de escalar montañas con importancia simbólica, como el monte Olimpo en Grecia, el Sinaí en Egipto o el monte Iztacihuatl en México.

–¿Vas a buscar algo más además del conocimiento?
–Las montañas son un camino directo hacia la vivencia de lo trascendente porque por su propia naturaleza nos obligan a ir más allá de lo estrictamente intelectual. No podemos escalarlas sólo con la mente; lo físico queda enteramente comprometido en la experiencia de la ascensión. Sin embargo no está allí la clave: las montañas no se escalan con las piernas, se escalan con el corazón.

–A la hora de hacer cumbre, ¿qué te genera la inmensidad de los paisajes frente tuyo?
–Me hace pensar acerca de nuestra pequeñez y fragilidad, pero también acerca de la grandeza de la condición humana. La inmensidad me hace tomar conciencia de que somos parte de un todo. Y eso te da una perspectiva mucho más respetuosa.

–Cómo científica y como mujer, ¿en dónde creés que reside la belleza real?
–Creo que la belleza, en esencia, va de la mano del amor. Un ser humano es una persona bella cuando es capaz de amar en el sentido amplio y profundo del término: amando a su prójimo, a su familia, a su profesión, a la naturaleza, a su pareja o a la música. Todos somos belleza en esencia y en potencia. Si nos permitimos vivir la experiencia humana desde el amor, seremos también belleza en acción, una belleza que se manifiesta para regocijo e inspiración de nuestros semejantes.

En Dove celebramos habernos encontrado con una mujer tan inspiradora. A vos, ¿qué te inspira tanto amor como a Constanza las montañas? ¡Contános!


Comentarios

Claudia Patricia

diciembre 22, 2011

Es increible...Tambien he escalado algunas montañas y no hay sensación que se compare con hacer cumbre!! Es la felicidad máxima, majestuoso. Admirable tener la posibilidad de hacer de tu mayor pasión la fuente de trabajo.


Anita

enero 9, 2012

Qué inspiradora que es esta mujer. ¡¡¡Muchas gracias!!!


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